El teatro
(lo que me provoca)
¿Qué es el teatro? ¿No es acaso algo más que una representación, una interpretación? El teatro es una seducción del alma. Es una consecuencia directa de todo lo que sentimos y provocamos con nuestros gestos. El teatro alimenta nuestro ser, lo hace ser más humano de lo que es, lo hace elevarse y sentirse abstraído y en comunión con las cosas que nos rodean, las cosas con las que nos juntamos y nos presentamos. Quisiera pensar que el teatro vino a mi vida cuando aún no estaba interesada en él. Hace muchos, muchos años, me apunté a un curso de teatro para superar mi timidez. No recuerdo el año, pero recuerdo todas las cosas que hicimos, las prácticas que nos hacía hacer el profesor. Nunca fui una espectadora de teatro, hasta que en el 2016 vi Hamlet de Miguel del Arco. Entonces algo cambió en mí. y sí, el teatro vino para quedarse y sentarse a mi lado y hacerme sentir cosas que no he sentido de otra manera.
Cuando voy al teatro me abstraigo del mundo, logro ser una con la obra. Algo en mí hace click y yo me siento en comunión (si la obra es buena y me atrae) hasta con la escenografía que se invoca en el escenario. Quiero creer que esa abstracción es el poder seductor que tiene el teatro sobre nosotros: nos hipnotiza. Porque nos enfocamos. Y enfocarse en algo está muy bien porque es una manera de notarte uno con esa cosa que miramos. Pero el teatro se mira no solo con todo el cuerpo, también se mira emocionalmente, se mira con la mente. Con todas nuestras ideas y todas nuestras sensaciones para dar paso a otras. He de decir que gracias al teatro he aprendido a identificar emociones que tenía soterradas en mí, que le faltaban de una maduración, un hacerse salir. Y es que he sentido cosas bellísimas cuando he ido a verlo. De alguna manera las representaciones nos hacen invocar todas esas cosas que nos atañen, es como si de alguna manera nosotros también pusiéramos a esos actores ahí, a esos decorados, esas vidas que transformamos en roles y papeles.
El teatro es una representación del ser humano en su complejidad. En el teatro podemos ver todo el abanico emocional al que somos expuestos a lo largo de nuestra vida, y tal vez por eso haga algo de catarsis con nosotros. El teatro no solo nos hace sentir una emoción (la nuestra) con otra (la del intérprete), también materializa las ideas a las que nos vemos sometidos en su amplitud. Basta saber que se nota mucho cuando un actor o actriz son buenos, cuando saben abordar su papel, porque eso se traspasa al público. Es… un recibimiento.
Asistir al teatro es asistir a la representación de la historia de la humanidad, aunque esta sea parcial o sea a título personal o ficticia. Una no sabe dónde empieza y acaba esa representación, porque todas las emociones que sentimos en el teatro, todos los pensamientos, nos los llevamos después con nosotros. Hay algo muy personal que tengo en la manera de sentirlo, y es que es como si todos esos personajes hablaran a través de nosotros. Ponen en palabras lo que le pasa a esta sociedad, lo que ha sucedido en la historia, lo que el ser humano da de sí a sí mismo mientras vive y crea y se expande y se retrotrae.
Quisiera que el ser humano conociera el teatro como lo conozco yo: desde las entrañas. Hay un matiz, un haz psicológico en cada personaje y el rol que representan que nos atañe personalmente pues nos hablan los personajes entre emociones, entre sentimientos, entre ideas. Siempre subyacen conceptos en las obras representadas que nos interpelan: el amor, la amistad, las querencias, la soledad… Éstas son solo unas pocas, pero se requiere una disposición total cuando vemos una obra de teatro para que ellas nos lleguen.
No quiero hablar del teatro en y con sus tecnicismos, sino desde su hondura emocional. El teatro alimenta nuestra alma porque los intérpretes le hablan a ella. También le hablan a nuestra mente, pero el alma habla y se vuelve una con el público. Hay una sensación colectiva de lo que esa representación nos proporciona: las risas entre el público, unas lágrimas derramadas, una sonrisilla hacia adentro que quiere salir hacia afuera… Me siento muy unida a estas cosas porque siento que es lo verdaderamente importante al asistir a una obra. Todos hacemos algo de esto al asistir a una representación, aunque sea mínima, aunque haya obras con las que no sepamos conectar y nos sintamos indiferentes. El teatro es alimento para aquellos que quieren sentir, y así debe ser.



Que bonito.
Muy lindo