Lo que sucede cuando amas
Carta al amado.
Quise creer que un día todo se desvanecería, como caen y son derramadas las palabras al oírtelas. Pero un eco en mi alma las aguarda, un eco en mi alma guarda todo, hasta lo que no puedes ver, lo que no puedes sentir, lo que no puedes escuchar. El aire viene frío y las ramitas de flor seca huelen al ambientador que les rocié. Quise embadurnar mi casa con el olor de mi madre, con el olor de su casa, del hogar al que siempre termino volviendo… Quise hacer tantas cosas y terminé por no hacer ninguna. Por el cansancio de todo, el cansancio de la vida, de los trasiegos que ésta me da. Escucho a Scarlatti por Maria Tipo y un leve roce en mis costillas me asusta, me hace saltar. Es el agua fría que cae sobre mi cuerpo, que me quita la sed. Quise creer que yo no era humana, pero soy más humana de lo imaginable, más humana, a veces, que tú. ¿Pero cómo medimos lo humano? ¿Acaso no lo medimos con las emociones que sentimos? Sin embargo leo sobre ballenas y ellas también parecen tener miedo… El ser más grande del mundo marino tiene también miedo, ¿viste? No importa el tamaño ni el lugar: una ballena y tú no sois lo mismo pero los dos tenéis miedo. Yo también tengo miedo, te digo. Tengo miedo de enfermar, miedo de no saber, miedo de lo que desconozco pues casi todo es como nuevo para mí. Quién dijo miedo. Dije yo miedo…
Escribes y yo también escribo. Escribimos los dos pero no nos ausentamos el uno del otro. Estamos aquí, los dos juntos. Nos cercioramos de que nuestros cuerpos están juntos, de que nuestras almas se tocan. La música es como un suspiro que entumece el aire. Lo engalana. Lo hace suyo. Por eso la escuchamos, para ser envueltos por una melodía, un ritmo dulce, una sensación que nos haga sentir bien, sentir vivos. Vacío esta sed que me embriaga, tú también deberías beber, te digo. Y me dispongo a la ducha, al agua fría sobre mi cuerpo. Quise creer que en el agua puedo ser completamente yo, como esas ballenas de las que habla Paula. Las ballenas surcan los mares en busca de otras, se llaman. ¿Cómo y para qué? Desconozco los motivos. Solo sé que yo también te llamo y sé cómo y sé para qué. Te llamo para estar contigo, para tenerte cerca, para saciar esta hambre de quererte vivo. Te quiero y tú me quieres también. Cada uno nos queremos a nuestra manera. ¿Me quieres? Me dices que sí, continuamente. Te quiero, te quiero. Te digo yo. Y me robas un beso y yo te lo robo también.
Los dos vinimos de la soledad. Fuimos, juntos, una soledad encontrada. Encontramos, los dos, una soledad en la que habitar y poder compartir. Juntos hemos hecho una soledad única, que solo habitamos los dos. Solos nos comprendemos y nos entendemos, aunque a veces sea doloroso, aunque a veces el roce no haga el cariño, sino la tempestad. Pero luego viene la calma y la calma es para nosotros nuestros estado natural, aunque nos intentemos poner nerviosos, nuestro espacio es la tranquilidad. El sosiego de quien se sabe amado y que ama. Nosotros nos sentimos amados porque nos dijimos todo, ¿recuerdas? Un manto cae sobre ti, es el manto del saber ser, del saber estar. Pero ser y estar no es lo mismo, siempre me lo dices. Cuando eres no necesariamente estás para la otra persona, y sin embargo cuando estás conmigo siempre eres tú. Eres el rocío que emana de mi ser, la inquietud de un mosquito o una libélula, la sensación copiosa de quien se sabe recién comido y se toca su barriguita para sentirse bien.
Estas cosquillas que vienen ahora. Que vienen y van, continuamente. Que salen de mí y entran en ti. Son los nervios ante los que nos encontramos a veces, las mariposas que se expanden por el estómago, como el gas de un refresco de cola. Y me ves y yo no te veo, y te veo y tú no me ves. Y jugamos al escondite pero al final, como siempre, me terminas encontrando. Y yo te encuentro a ti y sé que lo que me dices es para hacerme feliz, igual que hago yo contigo. Los dos nos conocíamos y no lo sabíamos. Solo teníamos que ser para estar, que ser para ir y venir y volver a encontrarnos en este estado sosegante de bondad y fervoroso amor. Me quise saber bien y te encontré a ti. Me quise conocer y también te encontré a ti. Sabes quien eres, tú y solo tú.


