Que venga la Paz.
(apuntes sobre la violencia)
Cómo se hace la vida si a veces se detiene, se paraliza. No se hace la vida con pensamientos, sino con actos, pero estos actos no son sino una cosa del hacerse uno mismo en el mundo. Pareciera que mi mundo y el mundo no son la misma cosa, ambos difieren en que yo no promulgo la violencia, y el mundo está lleno de ese aspecto tan inherente al ser humano. Escucho a Mahler en esta tarde calurosa en la que juega España en el mundial y me pone muy nerviosa, no puedo con tanto grito, ni con tanto odio al otro. Este mundo no se hizo para mí así que me creo el mio propio, pero eso tampoco está bien. ¿Por qué he de crearme un mundo propio si nací en este? ¿Por qué no puedo convivir con la violencia? Me provoca tal pesadez y cansancio físico que junto al verano estoy, realmente, como diría: mal. Mal porque me siento incomprendida, pero yo comprendo que los otros se diviertan, pero no comprendo la violencia. Es tan desmedida, no entiendo ese mal del mundo, del humano. Solo quiero hacerme más pequeñita de lo que soy ya y que nada ni nadie me afecte. Siento desilusionarme con el mundo, pero no está hecho para mí, así que prefiero hacerme mi mundo en el que la violencia no existe y lo más violento que se puede encontrar es matar a una moscarda porque no para de darte el coñazo. Pero eso también me parece terriblemente violento, sin embargo. Acabo de echar Casa Jardín en la galería precisamente por eso mismo.
En fin, el mundo y yo somos un caso bien diferenciado. No me siento cómoda en él. Es tan sumamente exagerado que me pone en el otro extremo. Qué hacer. Qué decirme para sentirme bien. Es muy difícil vivir en mi piel. Intento nombrar lo que me hace mal, lo escribo, pero nada soluciona aparte de ordenar mis pensamientos. Al perrito de arriba también le sientan mal los gritos, ¿por qué será?
No parece complicado sentirse parte del resto, pero me siento totalmente apartada. Lo que pienso y lo que siento es totalmente un cero a la izquierda para la inmensa mayoría de la gente. Para mí no. Tengo muy altos mis ideales y cada vez estoy más convencida de que tengo que seguirlos porque en ellos alcanzo la pura verdad y bondad de lo bueno en mí. Escuchar a Mahler me da energía. También es cierto que me acabo de duchar y que el agua me proporciona una tranquilidad sin igual. Quiero que todo el mundo sea feliz y encuentre paz, la paz tan ansiada. ¿Pero cómo? ¿Es eso posible? ¿Se merecen la paz los que buscan la violencia?
Yo no me merezco esa violencia, sin embargo la vivo continuamente en las calles, en las enfermedades, en la vida. Todo el mundo sufre la violencia del mundo de una manera u otra. En vez de enfocarnos en lo bueno del mundo, pareciera que hubiera gente que solo vive en ese estado. Lo siento, pero no puedo comprenderlos, me dan muchísima pena. Y la violencia genera más violencia, nos violenta. Nos debemos permitir sentir lo bueno de las cosas, no admito un no por respuesta. Por favor, que venga La Paz, que venga tranquila y sin mirar hacia atrás, solo con el timón de quien se sabe dichoso de ella.


