Discusión sobre este post

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Avatar de Alba Enríquez

Son las 10.22 y estoy acabando un café con sabor a turrón que compré ayer que, en grano, tiene un aroma maravilloso, pero molido, huele a naftalina. No ha sido la mejor forma de empezar el día. Por suerte, me he sentado frente al ordenador y me ha llegado tu texto. Email de Substack. Una nueva red social a la que acabo de llegar y no sé muy bien aún, cómo funciona. Pero ahora eso es lo de menos. Leo tus palabras y las siento cerca. Están cerca de las dos horas que pasé anoche enfrascada en la lectura de Los Kodokusha, cerca de mi bolígrafo azul y mi libreta moleskine sin líneas que esperan que los saque a pasear y nos sentemos en medio de una marabunta de árboles a escribir nuestras notas diarias. Sentir una forma de percibir el mundo semejante, o al menos próxima, genera un eco expansivo que reconforta. Gracias. A veces, leer palabras ajenas enciende la escucha a un susurro íntimo que está pidiendo atención. Y así se tejen las redes. Ayer leía que las palabras hay que atraparlas, pescarlas, porque sino, se desvanecen. Atrapar palabras para unirlas y encontrar vínculos. Porque qué es habitar, sino se extiende a una cuestión social. Te deseo buen día.

Avatar de Mariane O. Brugnari

Me atrae cómo el trauma y la gracia aparecen en el mismo plano, sin jerarquía dramática. Amor e infierno. Paz profunda y caída. Y me gusta aún más la manera en que entran los sueños: como imágenes que piden continuación en el mundo...

También he estado estudiando el trabajo de Louise Bourgeois (la más jungiana sin nunca ser jungiana).

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Por supuesto, sigue adelante.